Tenía miedo de que nadie leyera lo que escribí. Un mes después, esto es lo que realmente pasó y lo que aprendí del proceso.
Llevaba semanas con un proyecto guardado en un cuaderno, sin animarme a mostrarlo. La idea de publicarlo en una plataforma con gente que sí sabe de esto me daba nervios.
Publiqué un jueves por la noche. Nadie comentó nada esa noche. Pensé que había sido un error.
Al día siguiente alguien comentó una duda técnica puntual, y contestar esa pregunta me obligó a entender mejor mi propio proyecto. Después llegó otra persona con una sugerencia que terminé usando.
Lo que más me sorprendió no fue la cantidad de gente, fue la calidad de las conversaciones. Tres personas, tres perspectivas distintas, y mi proyecto mejoró con cada una.
Publicar antes de sentirte 100% listo es, la mayoría de las veces, la única forma de llegar a estarlo.
Si estás con algo guardado esperando el momento perfecto: ese momento no llega solo. Hay que publicarlo.