Pausé una plantilla a mitad de camino porque la estaba construyendo para mí, no para quien la iba a comprar. El giro la hizo vender el triple.
Después de vender dos plantillas seguidas, sentí que ya entendía la fórmula: elegir un problema que yo misma había vivido, armar un documento prolijo, escribir una buena descripción, y publicarlo. Mi tercera plantilla la empecé exactamente así, y a las dos semanas de trabajarla, la pausé sin publicarla.
Estaba armando una plantilla de gestión de proyectos personales, algo que a mí me sirve mucho. Pero antes de terminar de escribirla, me tomé un rato para mirar qué se estaba vendiendo realmente en el marketplace, no solo lo que a mí me parecía útil.
Las plantillas orientadas a equipos, no a uso personal, tenían visiblemente más ventas que las de uso individual. Tenía sentido: alguien que compra para su equipo suele justificar el gasto más fácil que alguien que compra solo para sí mismo, y además puede recomendarla a otras personas del mismo equipo.
Tomé la misma estructura que ya tenía casi lista y la adapté para equipos de producto en vez de para uso personal: agregué una sección de asignación de responsables, una vista de estado compartido, y ejemplos pensados para reuniones de equipo en vez de revisiones individuales.
Esta plantilla vendió el triple en su primer mes comparado con mis dos plantillas anteriores juntas. La calidad del documento en sí no cambió demasiado respecto a mi idea original. Lo que cambió fue a quién le hablaba y por qué le convenía pagar por eso.
Varias personas me escribieron antes de comprar, algo que no me había pasado con las dos plantillas anteriores. La pregunta que más se repitió fue si servía para equipos remotos o solo presenciales, así que agregué una sección aparte a la descripción explicando cómo se usa en una reunión async, sin necesidad de que todo el equipo esté conectado al mismo tiempo.
Ese tipo de pregunta repetida terminó siendo más valiosa que cualquier feedback que me hubiera imaginado sola: me mostró exactamente qué duda le faltaba resolver a la descripción para que alguien se animara a pagar sin escribirme primero.
No estoy diciendo que haya que ignorar lo que uno mismo necesita, ahí siempre nacen las mejores ideas. Pero antes de invertir semanas terminando algo, ahora siempre reviso primero si existe una versión de ese problema que otras personas ya estén pagando por resolver, y para quién específicamente.
Construir algo que a vos te sirve es un buen punto de partida. Publicarlo pensando en quién más lo necesita y por qué le conviene pagar por eso es lo que realmente lo convierte en un producto.
La próxima plantilla que arme la voy a empezar directamente al revés: mirando primero qué se vende, y recién después decidiendo qué construir. Es un cambio simple de orden, pero cambia por completo cómo termina resultando el producto final.