Con la primera plantilla aprendí a describir bien el problema que resuelve. Con la segunda aprendí algo todavía más importante: a pensar primero en quién se la iba a comprar.
Después de la primera venta, tenía ganas de publicar rápido una segunda plantilla. Por suerte me obligué a pausar un par de semanas antes de hacerlo.
En vez de partir de "qué plantilla puedo armar", partí de "quién la compraría y qué le duele hoy". Pensé específicamente en líderes de producto que necesitan definir objetivos trimestrales sin perder días enteros en eso.
La primera plantilla tardó una semana en su primera venta. Esta segunda tuvo compradora el mismo día que la publiqué. La diferencia no fue la calidad del documento, fue tener clarísimo desde el día uno a quién le hablaba.
La primera vez vendes lo que hiciste. La segunda vez, si prestaste atención, vendes lo que alguien específico necesitaba.
Todavía me queda mucho por aprender de esto, pero ya no me da tanto miedo publicar algo nuevo.