Nada de cifras infladas ni promesas de 'ingresos pasivos' de la noche a la mañana: esto fue lo que realmente gané y cuánto trabajo hubo detrás.
Después de veinte años liderando equipos de producto, pensé que vender algo propio en un marketplace iba a ser sencillo. No lo fue, pero tampoco fue tan difícil como imaginaba.
Publiqué la plantilla un lunes. Pasaron siete días sin una sola venta. Casi la bajo, pero decidí primero mejorar la descripción y agregar capturas reales de uso.
Con esos tres cambios llegó la primera venta, después la segunda esa misma semana. Nada que cambie una vida, pero sí una validación real de que alguien más encontró útil algo que yo hice.
El marketplace no premia el producto más perfecto, premia el que mejor explica el problema que resuelve.